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Jeremy Scott ha inyectado a Moschino toda la fuerza, colores vibrantes, referencias pop y el copyright infringement que componen lo que hemos llegado a conocer como la clásica estética Scott (que algunos aman con locura y otros detestan con la misma pasión).

Si bien muchos han llamado a Jeremy Scott como un diseñador de segunda que debería dedicarse a graphic tees y nada más. Existe una cualidad en su trabajo que resulta intrigante e innegable: Jeremy es honesto. What You See I What You Get: moda plástificada, masiva y con poca sustancia discursiva. Es quizás por esto que Katy Perry es la musa perfecta (título que Katy tiene desde un par de años) para esta millennial y descarada reencarnación de Moschino.

Recordemos que Katy más que pop, es populismo. No tiene el encanto de Taylor Swift “desbordando” su alma y más dolorosos recuerdos amorosos, no es RiRi cuyo nombre debería ser sinónimo de cool (podríamos usarlo en oraciones casuales como : “¿Qué te pareció Mad Mad? Está súper Rihanna), o el talento puro de digamos una Adele. Lo que sí tiene Katy Perry es botargas de tiburones y crema batida saliendo de su senos. Lindo, plástico, pop y nada más.

Moschino + Katy Perry= <3

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