Texto: Víctor G. García 

Desde los inicios del rock n’ roll, la moda y la música han ido siempre de la mano. Cada movimiento musical ha ido acompañado de una indumentaria que lo caracteriza, ya sea Elvis y sus camisas blancas con adornos extravagantes; los trajes y las botas de los Beatles; los arreglos florales en las bandas de principios de los setentas; los pines, las chaquetas y las camisas rotas de los punks ingleses o las franelas a cuadros del grunge. No obstante, existe un punto donde la moda no sólo viste la música como un simple accesorio, sino que se vuelve parte fundamental de su identidad. Me refiero a músicos que alteran su imagen maquillándose y creando disfraces para enaltecer la teatralidad de sus presentaciones.

El primer caso famoso fue el de Alice Cooper, quien interesado en sorprender al público, a finales de los sesenta, decidió adoptar un look inspirado en el de la actriz Bette Davis en la película What Ever Happened to Baby Jane? además, comenzó a utilizar motosierras, sangre falsa, espadas y muñecas en sus presentaciones, lo cual le mereció ser llamado el padrino del shock rock.

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En la década de los setenta, con la explosión del art rock, muchas bandas incorporaron elementos visuales para transmitir sus conceptos musicales. Es el caso, por ejemplo, del look andrógino que adoptó Brian Eno en su paso por Roxy Music. En esta etapa, Genesis llevó un paso más allá el aspecto teatral de sus presentaciones cuando Peter Gabriel comenzó a crear una serie de personajes en los que se convertía de pies a cabeza cuando tocaba en vivo. Dado el carácter conceptual de los álbums de Genesis, Gabriel sintió la necesidad de crear estos personajes para transmitir íntegramente el sentido de su música mediante elementos visuales. Muchos de estos personajes incluso tenían nombres específicos, como “Batwings”, “Rael”, “The Old Man”, “Brittania” o “The Flower”. Tras el inesperado éxito de esta estrategia para hacer más atractivo su show, Peter Gabriel dejó Genesis y la banda se vio obligada a prescindir de estos disfraces por preocupación a que el componente visual de sus presentaciones le restara atención al aspecto musical.

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Otro de los casos más famosos y versátiles es el de David Bowie, quien también creó una serie alter-egos con personalidad propia con la finalidad de encarnar a los personajes de sus discos. Uno de estos personajes fue Ziggy Stardust, el cual creó para su quinto disco The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders From Mars (1972). Para idear el personaje, Bowie incorporó vagamente elementos de la ciencia ficción y del teatro japonés que tomó durante su gira por ese país para promocionar su disco Hunky Dory en el 71. Ziggy era un alienígena que llegaba a la tierra para convertirse en una estrella de rock para transmitir mensajes de amor y paz a la Tierra. Ziggy era bisexual, promiscuo y adicto a las drogas, tal como el mismo Bowie en esa época. El siguiente personaje sería Aladdin Sane, un juego de palabras de “A Lad Insane”. La portada del disco, la cual presenta a David Bowie con un rayo pintado atravesando su rostro, sigue siendo una de las más icónicas de la historia del rock.

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Durante esa época también apareció Kiss, cuyos integrantes son más conocidos por los personajes que eran en la banda. Gene Simmons como Demon, Peter Criss como Catman, Ace Frehley como Spaceman y Paul Stanley como Starchild. No fue hasta principios de la década de los ochenta que Kiss decidiría salir sin maquillaje y plataformas ante las cámaras de MTV para promocionar su disco Lick it up. A partir de aquí, la fórmula se propagó y cientos de bandas comenzaron a emular esta estrategia.

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Desde el glam de las bandas de Hair metal en los ochenta, el corpse paint de las bandas de death nórdicas, hasta los cascos de Daft Punk o lo que sea que visten los de Empire of the Sun en nuestros días. Estos artistas lograron trascender el aspecto musical para convertirse en personajes plenamente identificables y distintivos, incluso para quienes no han escuchado una sola nota de sus canciones, lo cual nos muestra que la música también es un arte que guarda potencialmente una fuerza visual.