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A METAL HEART

Domingo 28 de mayo de 1995. Mi primo Jorge y yo nos alistamos para ir a uno de los conciertos de black metal más importantes en Monterrey. Samael, banda originaria de Suiza es la principal de la noche y como teloneros, los legendarios y polémicos Black Vomit de Monterrey. Pelo suficientemente largo para menearlo, camisetas adecuadas en color negro, jeans negros ajustados y converse. Yo estaba muy familiarizado con el metal gracias a la influencia de mi primo, con quien tuve mis etapas hippie, grunge y, por supuesto, metalera. A decir verdad, nunca me sentí tan identificado con ninguna de éstas; pero tenía que intentar todas. Los conciertos se realizaban en gimnasios viejos, en foros underground o en plazas públicas. En esta ocasión, es en el Casino ferrocarrilero ubicado en el centro de Monterrey, sede de los conciertos más importantes de death o black metal.

Al poco tiempo se presentó la banda griega Rotting Christ en un gimnasio público muy cercano a la casa de mis padres. Recuerdo perfectamente sentir los latigazos de pelo sudado en mi cara de la gente que hacía head banging delante de mí. Recuerdo que el dolor en el cuello me duraba alrededor de una semana pasado el concierto. Era el precio que tenía que pagar por pertenecer brevemente a este selecto grupo de personas. No olvido los pleitos, los botellazos, el olor condensado a cerveza y sudor de cientos de jóvenes. En esos años, sin posibilidades remotas de obtener online el material musical o información detallada de los representantes de este género, conseguir cualquier cosa referente al black o death metal era una travesía. Era casi como buscar drogas o algo ilegal, y de algún modo así lo era, pues casi todo lo que podías encontrar eran copias caseras con portadas hechas en xerox.

Veinte años después, la escena ha cambiado poco o casi nada. Poco a poco muchos de los involucrados fueron desertando por motivos diversos, siendo la edad la razón principal. Pero quedan los aferrados, los fieles que no dan su brazo a torcer. El metal es de esas ideologías que se transforman en un modo de vida; si lo tomas por completo, entonces tu vida no va a ser ordinaria, no importa a lo que te dediques.
Tengo una buena amiga, modelo finlandesa, llamada Anna Wickman y, como buena escandinava, es seguidora de esta corriente musical. Cuando le pedí asesoría para este número, le pregunté también si me podía prestar camisetas de death o black metal para algunas de las fotos que verán en las siguientes páginas, a lo que me contestó: “Yo soy muy especial para vestir con las marcas. El metal lo llevo en el corazón”.
Y así es.
Salud, aferrados.
Tony Solis y el equipo editorial de Pánico y Gxxlr